viernes, 9 de noviembre de 2012

Héroe de la Humanidad



Jesús García Corona joven originario de nuestra ciudad de Hermosillo fue un maquinista recordado por dar su vida para salvar al pueblo de Nacozari, por lo que hoy en día lo conocemos  como “El Héroe de Nacozari” y a la población como “Nacozari de García”.

Basta un instante para hacer un héroe y una vida entera para hacer un hombre de bien.

Empezó siendo aguador por su poca edad, tenía solamente 17 años cuando inició, pero fue promovido rápidamente, y ascendió en poco tiempo al sector de mantenimiento de vías. Trabajó como controlador de frenos y posteriormente como bombero. A la corta edad de 20 años llegó a ser ingeniero de máquinas.

Fue un 7 de noviembre de hace exactamente 105 años cuando cerca de las seis de la mañana, Jesús se dirigió al centro de Nacozari. Su locomotora fue la #2, pero debido al famoso corrido en su honor la conocemos como la #501, y era un poco menor que las utilizadas normalmente.

Después de haber sido engrasada, ya lista para salir, Agustín Barceló e Hipólito Soto, encargados de frenos, reportaron que Alberto Biel, un alemán de edad madura, se encontraba en el hospital, por lo que Jesús García lo reemplazó y quedó a cargo del tren. Por casualidad o por azares del destino Jesús estuvo en el lugar adecuado, a la hora adecuada.

Debía llevar un cargamento de cuatro toneladas de dinamita, que eran utilizadas en la ampliación de la mina, al almacén de explosivos para colocarse en dos furgones. Era el más poderoso tipo de dinamita.

Durante la operación de carga del tren, Jesús aprovechó para ir a casa. Jesús encontró a su madre alterada la cuál le comentó un presentimiento de que no lo volvería a ver.

Jesús dejó 50 de sus góndolas en El Seis y descendió a la mina, en el nivel más bajo, el cargamento había sido completado.

En espera de su locomotora, Jesús descubrió que los trabajadores habían dejado disminuir el fuego, lo cual había ocasionado una pérdida de presión del vapor. Los ingenieros en otro error aún más serio: no colocar los carros con explosivos al final del cuerpo del tren. En este viaje, los trabajadores colocaron la dinamita en los dos primeros carros, enseguida de la caldera. La disposición de la carga debía ser autorizada por el conductor, pero ese día no había tal.

Al aumentar la presión del vapor, luego, tan lento cómo fue posible, Jesús dio reversa al vehículo y lo colocó fuera de la mina; el viento del norte empezaba a jugar con los remolinos del humo y del vapor. Librada del freno, la locomotora trabajaba en contra del viento; las chispas vivas, emanadas del contenedor, que no había sido arreglado, volaron sobre el motor y la cabina, llegando incluso hasta los dos primeros furgones, cargados con cajas de dinamita.

No hay héroe en la soledad; los actos sublimes están determinados siempre por el entusiasmo de muchos.

Al principio el fuego fue notificado por la cuadrilla de trabajadores y más adelante por simples transeúntes. Francisco Rendón, frenero encargado de dirigir los rieles a Pilares, y el otro frenero intentaron inútilmente detener con sus ropas el fuego. Jesús le pidió a la cuadrilla que lo acompañaba que se arrojaran del tren e imprimió toda la fuerza a la locomotora. Obedeciendo las órdenes de Jesús, José Romero saltó del tren y rodó hacia la maleza. Milagrosamente había alrededor una loma en donde se refugió.

Jesús y su locomotora subieron a través del escarpado. Necesitaban avanzar otros cincuenta metros para llegar a un terreno plano en donde Jesús pudiera así luchar por su vida pero no lo logró.

De esta manera alejándose del pueblo, Jesús García salvó Nacozari y sus habitantes de sucumbir ante una explosión tan enorme, que la locomotora desapareció completamente. Jesús murió al instante, lanzado por el frente de su cabina. Gran parte del motor fue también lanzado y el cuerpo de Jesús fue alcanzado por las ruedas traseras.

Un estruendo como temblor sacudió Nacozari y la onda de expansión quebró vidrios y sacudió las habitaciones; ésta fue oída a 16.09 kilómetros de Nacozari.

La carnicería en el kilómetro seis era impresionante. Los cuatro obreros fueron muertos y un niño de 15 años fue atravesado por un metal lanzado desde cien metros en donde ocurrió la explosión. Del almacén no quedó nada, 18 de los residentes y demás trabajadores fueron heridos y trasladados en vagones al hospital en Nacozari. En silencio, los sobrevivientes removían los escombros del tren: carros despedazados y cabinas destruidas. El motor estaba encajado en un cráter, lejos de las vías. Jesús fue identificado por sus botas, lo cual fue trabajo de sus hermanos, quienes recogieron los restos y lo llevaron a casa.

En total fueron 13 las personas que murieron, pero sin duda fueron cientos los que salvaron la vida debido al heroísmo mostrado por Jesús quién alejó el tren lo más posible del pueblo. Al morir Jesús contaba con 26 años.

Posteriormente fue declarado Héroe de la Humanidad por la American Royal Cross of Honor de Washington.

Por su valiente labor y trágica historia, el 7 de noviembre es nombrado nacionalmente el día del ferrocarrilero.

En su honor se erigieron una serie de monumentos; calles, avenidas, colonias, escuelas, llevan su nombre. El famoso corrido “maquina 501” relata el acontecimiento de hace 105 años, que hasta la fecha conmemoramos y recordamos este acto que salvó a la población de una muerte masiva y posible desaparición de éste pueblo.


La temeridad cambia de nombre cuando obtiene éxito. Entonces se llama heroísmo.

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